Dóris inició su ponencia preguntando:
¿"Quién camina en cuatro patas por la mañana, dos patas al medio día y en tres patas a la noche?" La respuesta a este enigma de la Esfinge es simple: el hombre. ¿Pero quién es este hombre? Somos nosotros, alertó ella, porque necesitamos entendernos, descifrarnos, para que no seamos devorados por nosotros mismos. Este descifrarnos lleva al autoconocimiento, a asumir una responsabilidad por nosotros mismos, lo que hace que paremos de boicotearnos porque, en realidad, no necesitamos que nos boicoteen, nosotros hacemos esto muy bien solos. Siendo así, cuando hacemos el trabajo interno, iniciamos el proceso de sutilización y humanización.

¿Pero, a final, qué es ser humano? "Ser humano es aprender a expresar nuestra divinidad y una de las Flores de Raff que trabaja este aspecto es Santa Lucía. Ella amplía nuestra visión, permitiendo "caer la ficha", ver las cosas de otra manera. Esta flor trae al hombre la posibilidad de descubrir las infinitas posibilidades de enfrentar su dolor, sin permanecer restricto a su bloqueo. Esta otra visión nos hace comprender que somos únicos, o sea, que no existen dos seres iguales.
Podemos ejemplificar de la siguiente manera: si vinimos para ser banana, perdemos tiempo intentando ser manzana. Lo que tenemos que hacer es descubrir cuáles son las mejores combinaciones en que una banana suele participar (banana con pan, banana con arroz y frijol, etc.), trabajar la creatividad, hacer combinaciones con otras frutas, contribuyendo, así, en el sabor del plato. ¿Cómo nos tornamos humanos? A través de nuestras relaciones, que suelen ser negativas, a través de explosiones de rabia, discusiones y disputas por espacio, o positivas, a través de la partición de tareas domésticas y de trabajo, respetando opiniones al mismo tiempo en que somos nosotros mismos y también expresamos nuestras opiniones.
En los intra-relacionamientos, nos relacionamos con nuestras emociones, sentimientos y pensamientos. En los inter-relacionamientos es donde entran nuestras relaciones de amistad y profesionales.
En el intra-relacionamiento están almacenadas todas las informaciones de nuestros primeros relacionamientos con padre y madre, hermanos, tíos y primos. Ellos pueden haber sido buenos o malos, conforme a nuestra interpretación. Es en él que sabemos como nos relacionamos con la rabia, el orgullo, las situaciones de bienestar y nuestras conquistas. Es en él que lidiamos con nuestro miedo de ser feliz.
Lo que ocurre con nosotros es que estamos separados de nosotros mismos. Perdemos tiempo haciendo cosas que jamás conseguiremos. "Huir de nosotros mismos es un desperdicio energético", concluye Dóris.
Ya en los inter-relacionamientos, se manifestan nuestras relaciones con amigos y profesionales, proyectamos en el otro tanto nuestra separatividad cuanto nuestra integración y, por resonancia, interferimos en el ambiente. Funciona como un espejo, o sea, como no nos vemos, proyectamos en el otro y este se refleja en nosotros, mostrándonos nuestro dolor. Si estuviéramos armónicos, aprovechamos esta acción y despotencializamos nuestro dolor. Con esto, aprendemos a vivir más en el presente. Podemos tener una visión armónica de nuestra situación en la medida en que vivimos más en el presente, en el aquí y ahora, siempre en contacto con nosotros mismos, sintiendo nuestras emociones y sentimientos, no intentando sentir las emociones y sentimientos de los otros (somos banana, no olvidemos esto).
Este estado tiene relación con el pasado, donde quedó registrada una imagen distorsionada, haciendo como que la persona se encoja hasta llegar a un estado patológico, ya que tanto más ella se encoge, más es agredida. Eso genera un conflicto interno que hace que la persona tome una decisión y resuelva ser feliz.
El cuadro patológico existe para llamar la atención de la persona. Delante de él, pueden ser tomadas dos decisiones: continuar sufriendo, para llamar la atención de los que nos cercan, o solicitar ayuda. Es en el momento en que la persona decide procurar ayuda es que entra el terapeuta. El terapeuta, para poder comprender el dolor del otro, ya aceptó su dolor y puede ayudar a los otros, a partir del momento en que quieran ser ayudados. Nadie cura a nadie, las personas se curan (Cúrate a tí mismo). Lo que hacemos, es compartir nuestro dolor con los otros. Así como el agua es vehículo para la esencia floral, el terapeuta es un canal para las flores.
Enfermera Dóris Rejane Volquind
Terapeuta floral
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